sábado, 15 de marzo de 2008

Diario de un reflejo

Fue muy duro el momento en que me dijeron que era lo que era. Yo toda mi vida había creído que lo que veía era todo lo que se podía encontrar en aquello a lo que llamamos “mundo” pero resultó no ser así.
Se me hacía sospechoso que siempre que yo aparecía, le veía a esa persona mirándome a los ojos y yo, como hipnotizado por su presencia, no podía más que hacer todo lo que hacía él.
Creía que el entorno cristalino en que vivía era todo cuanto se podía conocer, pero la realidad es que estaba atrapado ahí, privado de la realidad. Creía que lo exterior lo era todo, pero la realidad es que cada persona a la que yo reflejaba era un mundo lleno de conceptos y sensaciones fuera de mi alcance, que nunca, muy a mi pesar, llegaría a vivir. Creía que era dueño de mi vida, pero la realidad es que los demás la ponían delante de mí, y yo me dedicaba a imitarla minuciosamente. Creía que yo era yo, pero la realidad es que era todo lo demás.

5 comentarios:

Ire dijo...

Muy chulo, cuando me lo digiste no pensé que lo enfocarías así, me gusta!

P.D: ¿Imitarla a la minuciosamente?

Jaco dijo...

Hacía tiempo que no me gustaba tanto un diario, genial genial : )

Anónimo dijo...

¿Te has puesto a pensar si el reflejo es el reflejo de la realidad, o la realidad es el reflejo del reflejo? Puede haber mundos paralelos...( y para lelos, claro...)

Sara

Bian dijo...

Sabes cómo se llama ese recurso estilístico? (lo de para-lelos)
Pues tiene el fastuoso nombre de "calambur".

Indio dijo...

ospera, calambur suena mogollón a El señor de los anillos xD!

q guay diario! (sintaxis alterada adoptada de amigos... todo se pega!)
nunca se me ocurre pensar en cosas así...