miércoles, 27 de agosto de 2008

Diario de un libro de texto

Sé que sus neuronas se retuercen nada más ver mi esqueleto: un índice de temas que parece interminable. Sé que los tecnicismos y mapas conceptuales marean sus conocimientos. Sé que es duro pasar cada página que me compone pensando en que llegaré a estar, de una manera u otra, comprimido en su cabeza. Por otra parte también sé que me aprecia, porque ya le vi una vez no hace mucho tiempo curiosear mis entrañas de una manera más amigable. Sé todo esto y muchas cosas más que igual vosotros no entenderíais. Pero lo que nunca llegaré a saber es qué piensa cuando me mira y no ve nada, cuando esquiva mis palabras y las transforma en suspiros, cuando me cierra y su vida sigue. Sé exactamente cómo funciona su cuerpo, su sistema inmunológico, endocrino, nervioso… y aún así no le entiendo.

7 comentarios:

Sofía dijo...

¡Odio los libros de texto!

No hacen más que deprimirme con sus estupidos intentos de hacernos amigos, con sus paeticos dibujos...
Pero hay que tener respeto porque nos lo enseñan todo.

Ernie dijo...

do no, desde luego. Peo son un comienzo =).

Luego viene lo más duro e interesante: el búscate tú la vida poque el temario se saca de 50 libos distintos. Ñum...

El Zorrocloco dijo...

Yeah, Ernie.

Ire dijo...

Yo soy mas de las de búscate tu la vida, o vas a clase y pillas apuntes o tienes una colección de apuntes con 8 letras distintas de las cuales te cuesta entender la mitad...

Que conste que la mayoría de las veces los apuntes son todos míos (o herededos ^^)

Que recuerdos el pillar en septiembre un libro del curso nuevo, y pasar páginas pensando que nunca podrías llegar a aprenderlo todo o a entender algunas cosas...

Jaco dijo...

A los libros de texto hay que tenerles cariño, como dicen, luego te llega el momento en que te tienes que buscar la vida, y a a veces hasta los echas de menos.

Pero Sofi tiene razón en una cosa... se pasan con los dibujos. No sé por qué siempre se empeñan en incluir ilustraciones demasiado infantiles.

Por cierto Ernie, cuando quieras te quitas los muñones pa esribr os coentarios, eh? XDDD

Ernie dijo...

Qé poca sensbilidd...

Dani dijo...

Otra vez has dado en el clavo. Me he recordado abriendo los libros en septiembre, antes de forrarlos, leyendo con miedo lo que tendría que entender a lo largo de los nueve meses siguientes. Pero no lo podía evitar, el olor me encantaba...
Aunque, todo se a dicho, no veo necesario recordarnos la existencia de nuestros amigos los libros de texto cuando aún quedan vacaciones por delante. ¡Hum!